La crisis actual pone de manifiesto, una vez más de forma evidente, que vivimos en sociedades fracturadas, disociadas y enfermas que han construido organizaciones, en el ámbito empresarial, social y cultural, que no responden a las necesidades humanas y a las respuestas que la complejidad nos requiere con más urgencia que nunca. Hemos adquirido la conciencia, más allá de modas y teorías del management, que nuestras organizaciones, incluidas la de Economía Social clásicas, no responden a estos retos y son construcciones que no generan compromisos.