El contexto laboral venezolano es cada vez más complejo, las empresas y sus trabajadores deben adaptarse a una economía volátil, con altas tasa de inflación, en el marco de una regulación cada vez más rígida. Como resultado los conflictos se han incrementado sensiblemente y la productividad de las empresas ha decaído de manera notable (Padilla: 2008).
En este escenario tanto las empresas como sus trabajadores se han visto obligados a poner en práctica formas innovadoras de relacionarse.