Debido a su naturaleza incontrolable, una vez más la economía capitalista pide socorro a los mismos que margina, bajo amenaza de desempleo y hambre. Sin ningún tipo de escrúpulos, los defensores acérrimos del laissez faire, en tiempos idílicos de desmesura y ambición, de pronto se revelan keynesianos e intervencionistas cuando termina la fiesta. Actualmente el papel que nos toca a los investigadores de la economía social consiste en interrogarnos sobre el rol que deben jugar las cooperativas en un mundo colapsado económicamente.